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Tratamiento quirúrgico de hernias discales

csajama
29 ago
5 min de lectura

Una hernia discal no se define solo por lo que aparece en una resonancia. La decisión sobre el tratamiento quirúrgico de hernias discales se toma al relacionar esa imagen con sus síntomas, el examen neurológico y el efecto real del dolor en su vida. Cuando el dolor ciático impide caminar, dormir o trabajar, o existe pérdida de fuerza, una evaluación especializada puede cambiar el curso del problema.

No todas las hernias requieren cirugía. Muchas mejoran con manejo médico, rehabilitación y tiempo. Sin embargo, cuando el nervio continúa comprimido y los síntomas persisten o progresan, esperar indefinidamente puede prolongar el sufrimiento y, en algunos casos, comprometer la recuperación neurológica.

¿Cuándo se considera la cirugía de una hernia discal?

Una hernia ocurre cuando parte del disco intervertebral se desplaza y entra en contacto con una raíz nerviosa. En la zona lumbar, esto suele producir dolor que baja desde la espalda hacia el glúteo, el muslo, la pierna o el pie. También puede haber hormigueo, adormecimiento o debilidad.

La cirugía se considera principalmente cuando existe una correlación clara entre la hernia y los síntomas. No se opera una imagen aislada: se busca identificar qué nervio está comprometido, confirmar que explica el dolor y determinar si las medidas no quirúrgicas han sido suficientes.

En general, la indicación puede plantearse si el dolor radicular intenso persiste pese a un tratamiento conservador bien realizado, si hay déficit de fuerza progresivo o si el dolor limita de manera severa las actividades cotidianas. Una debilidad para levantar el pie, dificultad para ponerse de puntillas o pérdida de fuerza marcada son señales que requieren una valoración pronta.

Hay situaciones que exigen atención urgente. La pérdida de control de la orina o deposiciones, la falta de sensibilidad en la zona genital o perineal y una debilidad rápidamente progresiva pueden indicar una compresión neurológica importante. En esos casos no conviene esperar a que el dolor se resuelva por sí solo.

El objetivo real del tratamiento quirúrgico de hernias discales

El objetivo de la cirugía no es “reparar” toda la columna ni eliminar cada molestia lumbar. Su finalidad es liberar el nervio comprimido retirando el fragmento de disco que está causando el conflicto. Por eso, el beneficio más predecible suele ser la mejoría del dolor que baja por la pierna, junto con la recuperación gradual de sensibilidad o fuerza cuando el nervio puede recuperarse.

El dolor lumbar puede tener más de una causa: desgaste de discos y articulaciones, inflamación, alteraciones musculares o inestabilidad, entre otras. Si predomina el dolor de espalda sin una compresión nerviosa clara, una discectomía puede no ser la solución adecuada. Esta diferencia es fundamental para proponer una cirugía con expectativas realistas.

También influye el tiempo de evolución. Un nervio sometido a compresión prolongada puede recuperarse más lentamente, especialmente si existe debilidad o adormecimiento desde hace meses. La cirugía puede detener la agresión sobre el nervio, pero la recuperación biológica no siempre es inmediata.

Técnicas quirúrgicas: no todos los casos se resuelven igual

La técnica se elige según la ubicación de la hernia, el tamaño del canal, el nivel afectado, la anatomía de cada paciente, cirugías previas y la presencia o no de inestabilidad vertebral. La pregunta correcta no es cuál técnica es “mejor” en términos absolutos, sino cuál ofrece una descompresión segura y eficaz en su caso.

Discectomía y microdiscectomía

La discectomía consiste en retirar el fragmento herniado que comprime el nervio. En la microdiscectomía se utiliza magnificación para trabajar con alta precisión a través de una incisión reducida. Es una alternativa ampliamente utilizada para hernias lumbares y, en pacientes seleccionados, puede brindar alivio importante del dolor radicular.

Aunque la incisión sea pequeña, sigue siendo un procedimiento que requiere planificación. El resultado depende de identificar correctamente el nivel y la raíz nerviosa comprometida, preservar las estructuras sanas y lograr una descompresión suficiente sin generar daño innecesario.

Cirugía endoscópica de columna

La endoscopía permite acceder a ciertas hernias mediante una cámara de alta definición e instrumentos especialmente diseñados. En casos apropiados, la foraminotomía endoscópica o la extracción endoscópica de una hernia pueden realizarse a través de un abordaje pequeño, preservando en mayor medida los tejidos musculares y óseos.

Para el paciente, esto puede traducirse en menor sangrado, dolor postoperatorio más manejable, movilización temprana y una estadía hospitalaria más breve. Algunas cirugías endoscópicas pueden efectuarse bajo sedación y anestesia local, dependiendo de la indicación, la técnica y las condiciones clínicas de la persona.

No obstante, la cirugía endoscópica no es automática para toda hernia. Hernias migradas, estenosis severas, anatomías complejas, inestabilidad o cirugías previas pueden requerir otra estrategia. Elegir una técnica mínimamente invasiva no significa hacer menos de lo necesario, sino alcanzar el objetivo quirúrgico con el menor trauma razonable.

¿Cuándo se necesita una fijación?

La mayoría de las hernias discales aisladas no requiere tornillos ni fusión vertebral. La fijación de columna se reserva para casos en que existe inestabilidad, deslizamiento vertebral, deformidad, desgaste avanzado con compromiso mecánico o cuando una descompresión amplia exige estabilizar el segmento.

Cuando está indicada, la fijación mínimamente invasiva asistida por endoscopía puede reducir el impacto sobre la musculatura posterior en comparación con abordajes más extensos. Aun así, implica una cirugía de mayor alcance que una discectomía y demanda una conversación clara sobre recuperación, restricciones y objetivos funcionales.

Recuperación: qué esperar después de la cirugía

Tras una descompresión exitosa, el dolor irradiado a la pierna puede mejorar de forma rápida, incluso durante las primeras horas o días. Sin embargo, es habitual sentir molestias locales en la zona operada y cierta sensibilidad nerviosa mientras el nervio se recupera. El hormigueo y la pérdida de fuerza suelen requerir más tiempo que el alivio del dolor.

La recuperación no se mide solo por el día del alta. Caminar precozmente, respetar las indicaciones de movimiento, cuidar la herida y retomar las actividades de manera progresiva son parte del tratamiento. El tiempo para volver al trabajo depende de la técnica utilizada, la exigencia física de su ocupación, su condición previa y la evolución neurológica.

En procedimientos mínimamente invasivos, muchos pacientes pueden regresar antes a actividades livianas. Sin embargo, una recuperación acelerada no debe confundirse con volver de inmediato a levantar peso, conducir largas distancias o realizar deporte intenso. La progresión debe ser individualizada.

Riesgos y decisiones informadas

Toda cirugía de columna tiene riesgos, aunque se tomen medidas para reducirlos. Entre ellos se encuentran infección, sangrado, lesión de estructuras nerviosas, salida de líquido cefalorraquídeo, persistencia de síntomas o una nueva hernia en el mismo nivel. La probabilidad y relevancia de cada riesgo cambian según el procedimiento y las características del paciente.

Una buena consulta quirúrgica no busca presionar una decisión. Debe aclarar qué se espera mejorar, qué síntomas podrían persistir, qué alternativa no quirúrgica existe y qué tipo de recuperación es razonable anticipar. También permite revisar las imágenes de resonancia y responder dudas concretas sobre anestesia, hospitalización, licencia laboral y costos asociados.

En la práctica del Dr. Carlos Sajama, la evaluación se orienta a determinar si una técnica mínimamente invasiva o endoscópica puede ofrecer una solución precisa para la compresión nerviosa, sin indicar procedimientos mayores cuando no son necesarios.

Una evaluación precisa puede evitar esperas innecesarias

Vivir con ciática intensa durante semanas o meses no debe normalizarse, especialmente si se acompaña de debilidad, caídas, pérdida de sensibilidad o limitación importante para las actividades diarias. Tampoco significa que la cirugía sea inevitable. El valor de una evaluación especializada está en distinguir quién puede seguir con manejo conservador y quién se beneficiaría de liberar el nervio.

Si existe una indicación quirúrgica, conocer las alternativas disponibles permite enfrentar la decisión con menos temor y expectativas más claras. El paso más útil es revisar su historia clínica, examen neurológico e imágenes con un especialista en columna para definir un plan que proteja su función y le permita volver, de forma segura, a su vida cotidiana.

 
 
 

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